Y en esos días. De nuevo. Como siempre. Siempre diciéndome que soy inútil. Que me calle. Que no puedo decir nada porque se vuelve loca.
Esta vez casi lloro en la calle.
Pero un sentimiento más fuerte se apoderó de mí. Al borde de la acera se posó mi desesperación. Miré los autos. No era miedo. Era un deseo inacabable. Entre más los miraba más quería hacerlo. Estuve a punto. Mis piernas querían con fuerza correr para ponerse en medio de la carretera. Así de fácil. Que volara hacia todos lados.que se terminara conmigo derramada en medio de la puta acera. Sencillo.
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